Home Entendiendo el asma
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Es una enfermedad heterogénea del aparato respiratorio, en la que los bronquios están inflamados de forma crónica y se obstruyen al paso del aire, por su respuesta irritativa frente a distintos estímulos del ambiente. Da lugar a síntomas como tos, opresión en el pecho, falta de aire o sensación de asfixia. La intensidad de estos síntomas es muy variable y cambia a lo largo de los días y de los meses.2
El asma leve es aquella que requiere necesidades mínimas de tratamiento para mantener el control. En general, los síntomas son leves o poco frecuentes, aunque pueden variar con el tiempo. El uso de tratamientos con corticoides inhalados reduce el riesgo de exacerbaciones en estas personas con asma.2,3

Según la Guía Global para el Manejo del Asma (GINA), el asma grave se define como el asma que sigue sin control a pesar de que la persona utiliza un tratamiento adecuado con una dosis alta de corticosteroides inhalados combinados con otros medicamentos, o que requiere este tratamiento para mantenerse controlada. Esto implica que, incluso con el tratamiento intensivo y el uso adecuado de medicamentos, la persona experimenta síntomas persistentes o tiene exacerbaciones frecuentes.2
Aquí hay algunos puntos clave que definen el asma grave según GINA:2
- Tratamiento intensivo: requiere dosis altas de corticosteroides inhalados, combinados con un segundo controlador (por ejemplo, un broncodilatador de acción prolongada).
- Persistencia de síntomas: los síntomas siguen presentes y/o hay exacerbaciones, a pesar de seguir correctamente este tratamiento.
- Control difícil: la falta de control del asma no se debe a un mal uso de los medicamentos o a una baja adherencia al tratamiento.
El asma grave implica un gran desafío tanto para el paciente como para los proveedores de salud, requiriendo una evaluación detallada para descartar factores que puedan estar contribuyendo a la falta de control, como diagnósticos incorrectos o la existencia de otras condiciones que afectan el asma.2
Asma difícil de tratar
Es el asma que no se puede controlar a pesar del uso de dosis intermedias o altas del tratamento inhalado combinado, o que requiere altas dosis para mantener el control de los síntomas. Puede estar relacionada con factores propios del paciente (poca adherencia al tratamiento, mala técnica para usar los aerosoles) o bien puede estar relacionada con otros factores u otras enfermedades asociadas.
Asma grave
El asma grave es un tipo de asma que requiere dosis altas de medicamentos para su control, incluyendo corticosteroides inhalados y otros fármacos de acción prolongada. Se define como aquella que permanece mal controlada a pesar del uso adecuado de estos tratamientos. Incluso con buena técnica inhalatoria y adherencia.
Para tener asma se debe de tener una predisposición genética, además de haber estado expuesto a diferentes estímulos medioambientales. En el asma hay unos factores de riesgo, que favorecen o son la causa de tener la enfermedad.1
Componente hereditario, que explica que un alto porcentaje de personas que padecen asma tienen algún familiar directo que también la tengan o la hayan tenido. Un niño cuyo progenitor tuvo asma tiene una posibilidad de 3 a 6 veces mayor de tener la enfermedad.1
Para desarrollar asma, es necesario contar con una predisposición genética, acompañada de la exposición a diversos factores ambientales. En el contexto del asma, se identifican varios factores de riesgo que pueden contribuir a la aparición de la enfermedad o agravar sus síntomas.1,2
Predisposición alérgica, obesidad y rinitis (congestión nasal)
Para desarrollar asma, es necesario contar con una predisposición genética, acompañada de la exposición a diversos factores ambientales. En el contexto del asma, se identifican varios factores de riesgo, que pueden contribuir a la aparición de la enfermedad o agravar sus síntomas.1,2
Factores relacionados con la etapa del nacimiento (nacimiento prematuro, nacimiento por cesárea, tipo de lactancia, dieta o tabaquismo de la madre).
Para desarrollar asma, es necesario contar con una predisposición genética, acompañada de la exposición a diversos factores ambientales. En el contexto del asma, se identifican varios factores de riesgo, que pueden contribuir a la aparición de la enfermedad o agravar sus síntomas.1,2
Factores ambientales (alérgenos, infecciones respiratorias, humo de tabaco, contaminación del aire)
Para desarrollar asma, es necesario contar con una predisposición genética, acompañada de la exposición a diversos factores ambientales. En el contexto del asma, se identifican varios factores de riesgo, que pueden contribuir a la aparición de la enfermedad o agravar sus síntomas.1,2,10
Factores desencadenantes responsables de los síntomas y del empeoramiento del asma como la contaminación ambiental, humo del tabaco, cambios climatológicos como el frío o calor intenso, las emociones (risa, llanto, pánico, etc.), ejercicio, infecciones respiratorias e ingesta de algunos medicamentos.1,2,10
El asma afecta a millones de personas en todo el mundo y sus síntomas pueden variar significativamente de una persona a otra. Reconocer los síntomas tempranos es clave para manejar esta condición y mantener una calidad de vida óptima. Algunos de ellos son:2
Sensación de asfixia o dificultad para respirar, también llamada disnea
Tos repetitiva y habitualmente seca
Ruidos en el pecho, denominados sibilancias, producidos por la salida de aire a través de los bronquios estrechados por la inflamación
Opresión o sensación de tirantez en el pecho
Es importante tener en cuenta que los síntomas pueden cambiar de una persona a otra y ser variables en el tiempo. Suelen aparecer con más frecuencia al realizar esfuerzos, por las noches, con los resfriados o en ciertas estaciones del año.2
Ninguno de estos síntomas es específico del asma, por lo que es necesaria la consulta con un médico especialista para realizar las pruebas de función pulmonar y arribar a un correcto diagnóstico.2
Las alergias son una respuesta anormal del sistema inmunológico en la que las defensas del cuerpo identifican erróneamente como perjudiciales ciertas sustancias externas, conocidas como alérgenos, que son en realidad inofensivas. Algunos ejemplos comunes de alérgenos son el polen, los ácaros del polvo, el pelo de las mascotas y algunos alimentos.4
El asma alérgica representa cerca del 50% de los casos de asma grave.5 Cuando una persona con predisposición a las alergias inhala un alérgeno específico, su sistema inmunológicoa reacciona de manera desproporcionada. Esto provoca un estrechamiento de las vías respiratorias, que puede ser desencadenado por estímulos que son inofensivos para las personas sanas (olores, humos, lacas, aire frío, etc.) resultando en síntomas intermitentes.2,5
Además, hay factores que pueden intensificar este estrechamiento y provocar más síntomas o una crisis de asma. Estos factores incluyen la exposición a alérgenos, el aire frío, irritantes ambientales y ciertos tratamientos.6
